Lo que tendría que preocuparnos no es la cantidad de gente que se opone a nosotros, sino hasta qué punto cuenta con buenas razones para ello. — Alain de Botton
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La tormenta en el vaso: Amor Negativo -
por John Donne
traducción Alejandro Vázquez del Mercado (aka Tormentas)
Jamás hice profundas reverencias.
como quienes un ojo o labio acechan,
y rara vez para admirar siquiera
cuanto queda en virtud o inteligencia.
Aunque el entendimiento bien pudiera
saber el combustible de su hoguera
Con el paso del tiempo y desde que salí de la carrera, he ido apreciando en retrospectiva el valor de mi educación en la Universidad Iberoamericana. En parte, convivir con egresados de otras universidades me ha permitido ver a mi alma máter desde otra perspectiva. No olvido, claro está, mis días universitarios, durante los cuales fui demasiado dura con la Ibero. Es difícil apreciar el adentro si no se ha vivido afuera.
¿Para qué digo esto? Sencillo, para exponer cómo ve una ex alumna de la Ibero el reciente acontecimiento de protesta en el que los alumnos de la UIA “corrieron” a Enrique Peña Nieto, candidato a la presidencia del PRI. Y sí, para defender a los alumnos y a su acto, un acto que va mucho más allá del “ser fresa pero no pendejo”, un acto que revela un profundo malestar social que permea ya a todos los contextos sociales; un malestar que no se trata ya de clases, de credos, de sexualidad; un malestar cultural enraizado en la falta de identidad, en la impotencia, la frustración y en los abusos constantes que vivimos todos -sí, todos- los mexicanos.
Primero, deseo aclarar algo: la Ibero es una universidad privada, sí, pero no es una universidad de fresas. La población estudiantil de la Ibero es diversa, incluye en su comunidad a gente de todos los credos, nacionalidades, géneros, preferencias sexuales y también clases sociales. La Ibero, por ejemplo, es una universidad privada con un sindicato para sus trabajadores. Un sindicato que funciona bien, que consigue que los trabajadores tengan más derechos pero que no lo hace a gritos y sombrerazos, un sindicato apoyado por miles de alumnos orgullosos de estar en una universidad privada que tiene un sindicato para proteger a sus trabajadores.
Las “críticas” que buscan invalidar el acto de protesta de los alumnos de la Ibero diciendo que son “hijos de papi” que no saben nada de la vida vienen de gente que no sabe nada de mi alma máter. Vienen de gente que probablemente no sabe que llevamos un taller de servicio social y cuatro clases de “extensión universitaria” o “integración”, mismas que todos odiamos mientras estudiamos la carrera (¡más tarea! ¡más tiempo de clases!) pero que, en retrospectiva, veo que ayudaron a fomentar en nosotros una búsqueda de justicia social y un espíritu crítico.
Ahora bien, ¿de dónde viene esta indignación, este enojo que mostraron los jóvenes estudiantes de la Ibero? ¿Es auténtico espíritu crítico o una simple rebelión adolescente?
Es absurdo quitarle importancia a la protesta intentando nombrarla como un capricho adolescente, o en su defecto, un capricho de una bola de niños mimados. No, no es capricho de nadie, es una expresión generacional. Es la expresión de la frustración, la impotencia, el enojo de una generación que está viendo regresar al poder a un partido que les dejó un país como el que tenemos ahora, un país desastroso. Serán 12 años del PAN, pero fueron setenta del PRI, y setenta años de destrozos, corrupciones, asesinatos, crisis financieras que no arreglan ni con los 12 años del PAN ni con 30 años de gobierno del partido político más intachable que uno pueda imaginar.
Es la voz de la generación Y, la que se enfrenta a un mundo sin dinero. Es la voz de los jóvenes a los que nos prometieron mucho pero nos dieron poco, de los que crecimos escuchando que todos somos iguales, que todos merecemos lo mismo, pero que nos topamos con una dura y orwelliana pared. Es la voz desencantada de una generación que ya vio que todos somos iguales, pero algunos son más iguales que otros.
Es la voz de unos jóvenes, algunos de clases privilegiadas y otros no, que están hasta el gorro de escuchar discursos de exclusión que se hacen pasar por discursos de inclusión. Es la voz de mi universidad, la que nos transmiten los jesuitas mientras nos quejamos de las tareas de las clases de integración y de lo horrible que es ser universitario, es la voz de la teología de la liberación y de la auténtica búsqueda de hermandad.
Estos jóvenes le gritan a EPN que se vaya de un recinto que les pertenece -de su casa de estudios-, y al mismo tiempo, le gritan a la generación de sus padres y de sus abuelos: no voten por nostalgia, no olviden lo que nos dejó el PRI, no sean egoístas, nosotros vivimos aquí también y el PRI a nosotros no nos dio nada bueno, ni concesiones, ni oportunidades, ni una maldita torta. El PRI nos heredó un país hecho trizas.
Somos muchos los jóvenes mexicanos que le gritamos al PRI que se largue, y a la vez, le gritamos a esa generación que votará por nostalgia, que no lo haga, que no se trata de darle juguetes caros, viajes, autos a los hijos, se trata de dejar cimientos para que la sociedad entera viva mejor. Somos muchos los jóvenes que no queremos ver al PRI en el poder, y estamos en toda la república, no sólo en la Ibero.
—
Bitty Navarro
I have met free men in the strangest of places and at ALL ages - as janitors, car thieves, car washers, and some free women too - mostly as nurses or waitresses, and at ALL ages. The free soul is rare, but you know it when you see it - basically because you feel good, very good, when you are near or with them. — Charles Bukowski in “A bad trip”
Writing turns you into somebody who’s always wrong. The illusion that you might get it right someday is the perversity that draws you on. — Philip Roth in American Pastoral
Since we don’t just forget things because they don’t matter but also forget things because they matter too much -because each of us remembers and forgets in a patter whose labyrinthe windings are an identification mark no less distinctive than a fingerprint- it’s no wonder that the shards of reality one person will cherish can seem to someone else whom say, happened to have eaten some ten thousand dinners at the very same kitchen table, to be a willful excursion into mythomania. — Philip Roth in American Pastoral
Si no nos redimimos a nosotros mismos, sucumbiremos. El perdón y la gracia se han convertido en algo sin sentido. Porque para los delitos que hemos cometido y que cometemos diariamente no puede haber ningún perdón sin que Dios deje de existir. — Hugo Ball en Crítica a la inteligencia alemana.